Ortega anuncia una supuesta apología de la inexactitud en el artículo de 1908 para prevenirnos frente a Unamuno al escribir: "El espíritu de Unamuno es demasiado turbulento y arrastra en su corriente vertiginosa, junto a algunas sustancias de oro, muchas cosas inútiles y malsanas."
No nos dejaremos arrastrar con la consigna del ímpetu para convertir España en un divertido o manipulable ruedo. Un artículo con opiniones sobre la actualidad, Es "el ruedo" visto por Guillermo Menéndez del Llano.
El artículo que titula Ortega “Asamblea para el congreso de las ciencias” (1908) comienza hablando de europeización, y cita a Joaquín Costa como figura emblemática de esta relevante cuestión en España. Se trata de un tema del que se vendría hablando en España desde hacía tiempo.
En 1908 señala Ortega que la sensibilidad política de las naciones cultas, como Alemania, es tan aguda que puede estremecerse por cuestiones tan aparentemente distintas de las gubernamentales como podía ser el tema del impresionismo.
En El Sobrehombre, escribió Ortega y Gasset que Nietzsche fue necesario porque nos hizo orgullosos. Dice Ortega que hubo un instante en que no se encontraba otra tabla donde salvarse del naufragio cultural que el Orgullo. ¿Han cambiado ya los tiempos?
Ortega le daba a la educación un peso decisivo en el progreso de las naciones, y se lamentó por ello de que toda la generación española que llegaba entonces a las preocupaciones intelectuales hubiese sido educada, mal educada, por Hipolito Taine.
Miré con especial atención los dos tomos de la obra de Mommsen que había adquirido en los sesenta. Los trasladé luego desde el Norte hasta el Sur de España, y estaba pensando yo aquella tarde en la estrecha relación que advertía entre Nación e Historia. Pienso que efectivamente estas dos nociones forman parte de nuestra red conceptual, y que la estrecha conexión que podemos formar entre ellas es tan fuerte que nos parecen evidencias cuando son ideas convertidas en creencias por la costumbre de su aceptación.
Ortega se enfrenta a la pretensión de formar un pueblo, una nación y en definitiva un hombre, con un sentido pequeño, inmóvil, cerrado, manipulable, infecundo, y espiritualmente esclavo. (El Imparcial, 2 de diciembre, 1907).
Con el título “Sobre los estudios clásicos”, El 28 de octubre del 1907 en El Imparcial, había escrito Ortega que en el vocablo “clasicismo” alentaba la realidad más granada y plenaria por ser lo clásico el sentido perenne de la cultura, (pág. 66).
Realidad, cosas reales con las que se trata en la vida, y se rozan, son consideradas por Ortega en Crítica Bárbara como fuente importante de enseñanza, y tal vez la más profunda enseñanza en la vida. Realidad y vida se enlazan como experiencia y sabiduría: