Su padre, el conde de Sade, lo crió sin privarle de nada, ayudando a desarrollar más aún sus vicios. En algunas etapas de su vida, el marqués fue criado por poderosas y ricas amigas y familiares de su padre que marcaron también la infancia de Donatien. Ya de niño comenzó a conocer los secretos de la corrupción religiosa. Cuentan que cuando asistió al prestigioso colegio Louis-le-Grand sufrió las primeras palizas, azotes con varas y la sodomía, pues dicen que algunos profesores la practicaban con determinados alumnos. Más tarde ingresó en el ejército y participó en la Guerra de los Siete Años contra Prusia. Fue allí dónde descubrió la crueldad de la violencia. Al acabar la guerra, su padre le casó con una chica rica y poco agraciada llamada Renèe-Pélagie de Montreuil. Dicen que la suegra del Marqués de carácter y estricta moral, conocida como la Presidenta, influyó mucho en su vida. De hecho, consiguió encarcelarlo por primera vez, tras juzgarlo por “excesos en un prostíbulo”. Desde ese momento la sombra policial se cernió sobre él.

En abril de 1768 se produjo el famoso escándalo de Arcueil. El día 3, Sade recurre a una casa de prostitutas donde flageló a Rose Keller, supuestamente una mendiga que accedió a sus caprichos a cambio de dinero. Keller entonces denunció al marqués por violación. Como consecuencia de esto, Sade, por orden del Rey, fue encerrado durante siete meses.
Cuatro años después otro escándalo salpicó al marqués. En un viaje a Marsella con su criado y amante, con el que practicaba la sodomía en sus orgías, tuvo un encuentro con varias prostitutas en una fiesta privada. Entonces el marqués se confundió con la dosis de afrodisíaco y fue acusado de tratar de envenenarlas con la supuestamente afrodisíaca mosca española. Aunque nadie murió, fue sentenciado a muerte por sodomía y envenenamiento. Tras esta condena, Sade huyó con su cuñada y amante a Italia y tras ser arrestado y aprisionado en Cerdeña, regresó a Francia en 1773, instalándose en su castillo.
Pese a que en algunas ocasiones trataba de volver a vivir con su esposa, nunca abandonó sus vicios. Algunas de sus empleadas trataban de denunciarle pero hasta su propia esposa hizo lo imposible por evitarlo.
Entonces su suegra, su más encarnizada enemiga, obtuvo una ‘lettre de cachet’ (una carta para transmitir una orden al Rey) que implicaba la prisión incondicional. Cuatro años más tarde lograron capturarlo y llevarlo a prisión, pero apeló con éxito en contra de su sentencia de muerte. Tras fugarse y volver a ser encarcelado, comenzó a escribir algunas de sus obras. En 1789, en la cárcel de Bastilla en París gritó desde su celda a la gente de fuera que iban a degollar a los prisioneros, provocando disturbios e incitando a la Revolución. Dos días más tarde, Sade era ingresado en el manicomio de Charenton. Fue durante la Revolución Francesa cuando el marqués comenzó a escribir su obra magna, ‘Los 120 días de Sodoma’.
Tras la Revolución, fue liberado y, tras conseguir su esposa el divorcio, quedó en una difícil situación económica. Entonces comenzó a publicar, anónimamente algunos de sus libros y a estrenar algunas de sus obras en teatros parisinos. Fue entonces cuando conoció a Marie-Constance Quesnet, la ex actriz con quien pasaría el resto de su vida.
Vivió veintisiete de 74 años ingresado entre prisiones y manicomios. Estuvo a punto de ser guillotinado y finalmente, por orden de Napoleón, fue encarcelado hasta su muerte. En 1801 le detuvieron y juzgaron por sus obras “Justine” y “La historia de Juliette” en el manicomio de Charenton. Allí falleció el 30 de noviembre de 1814. En estas obras Sade describía lo que sucedía en las alcobas de cualquier obispo o noble de su época. Criticaba endurecidamente la religión y la tiranía radical de la aristocracia.

En 1909, Apollinare escribió: «La biografía completa del Marqués de Sade no se ha escrito todavía, pero no hay duda de que, reunidos todos los materiales, será posible en breve establecer la existencia de un hombre notable que aún permanece en el misterio y sobre el cual han corrido y corren gran número de leyendas».
Aún hoy circulan las leyendas alrededor del Marqués de Sade, quien sigue despertando filias y fobias, 200 años después.
“Respetemos eternamente el vicio y no combatamos sino la virtud” Marqués de Sade.







