Apodada como “la Horra” (la honesta) la princesa Aixa es una de las personalidades femeninas más importantes del siglo XV, una mujer compleja a la que la historia recordará por una única frase: "llora como una mujer lo que no supiste defender como un hombre".
Hoy terminaremos nuestro recorrido por este macabro aunque apasionante tema. Demos un pasito más y dejémonos "enterrar" por la primera explicación: los ataúdes de seguridad.
El nombre de Lois Long ha pasado prácticamente inadvertido para el mundo del periodismo. Pero su seudónimo, Lipstick (barra de labios) la convirtió en una de las columnistas de sociedad más importantes del Nueva York de los años 20.
Como lo prometido es deuda, aquí trae Monte de Ánimas la segunda entrega de su serie de artículos "Enterrado vivo" narrándonos macabras experiencias y anécdotas que nos dejarán los pelos de punta
Las sibilas son las profetisas que nos describe las mitología griega y romana, aunque también están presentes en la tradición cristiana. Debido a sus extraordinarias dotes adivinatorias, eran respetadas como deidades en un mundo de hombres.
¿Enterrar o incinerar? La fobia a salir de la muerte viéndose atrapado no sólo en un ataúd sino también bajo tierra, ha sido, es y será una de las grandes paranoias
La frase "¡Viva el cuchillo!”, era habitual en los teatros de ópera en el XVIII, cuando la moda de los castrati estaba en su apogeo. Pero esta frase no era sólo para la música. También se oía en algunas reputadas alcobas europeas.
El séptimo príncipe de Sansevero fue uno de los personajes más enigmáticos de su época. Se dijo de él que practicaba la alquimia y que era masón, e incluso que mató a dos de sus sirvientes para crear unas "máquinas" anatómicas que representaran a la perfección el interior del cuerpo humano.