En su momento, los medios de comunicación “machacaron” la política del Ayuntamiento y fue solo entonces cuando se decidió adoptar unas medidas un tanto curiosas: se replantaros algunos árboles para llenar el vacío que habían dejado sus antecesores y se puso en marcha una campaña propagandística en la que se afirmaba que “Madrid era la ciudad más verde de Europa”.
Sin embargo, la mañana del 24 de noviembre, esta vez sin baronesa que los protegiera y sin medios de comunicación que recogieran la escena, la motosierra de los servicios municipales se ha llevado por delante una docena de olmos siberianos que llegaban incluso a los cinco pisos de altura, aportando una magnífica sombra en verano y albergando cientos de pájaros.
La versión de los obreros de la calle era la intención del Ayuntamiento de ganar más plazas de aparcamiento.
Y yo solo puedo pensar: “Cuando hayan talado el último árbol, cuando hayan contaminado el último río, entonces, solo entonces, se darán cuenta de que el dinero no se puede comer”.







