La repetida consigna "la culpa es de Zapatero", que sirvió durante tanto tiempo como excusa a los golfos apandadores de la Comunidad Valenciana y otras latitudes hispanas para irse de rositas, se tornará, más pronto que tarde, en "menos mal que Zapatero no les dió todo el dinero que pedían". Visto lo visto y oído lo oído, ¿alguien duda de que no se lo hubieran metido en sus alforjas a cuenta de playas sin mar, campos de golf sin agua para todos, trenes sin viajeros, aeropuertos sin aviones, visitas con Papa, orfeones afónicos, jubilaciones sin jubilados, ciudades olímpicas sin olimpiadas y desiertos sin palmas ni arena?