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Arte fúnebre español: gótico, romántico y fascinante.

Arte por Monte de Ánimas 2 comentarios
En el inicio del XIX los artistas sienten fascinación por los elementos  supersticiosos, montruosos y macabros. Nace lo romántico y renace lo gótico recreándose en el ambiente lúgubre de los cementerios, que en este artículo recoge la autora  Monte de Ánimas.

"¡Eres más rara que un perro verde!" "Pues hija, qué fúnebre, ¿no?" "Hazte mirar por un especialista esos gustos tan extraños" Estos son tan sólo una mínima pincelada de los innumerables piropos con los que me han agasajado a lo largo de estos últimos años cuando, con toda mi ilusión, enseñaba mis fotografías de los camposantos y explicaba como un fascinante contador de cuentos, mis sentimientos al contemplar las esculturas y los panteones y los mausoleos y las tumbas y... y...
De nuevo, como suele ser de costumbre en mí, se me adueña la tan temida tartamudez por querer explicar todo lo que me deja maravillada. Señores y familia, familia y señoras: ¡qué me gusten los cementerios no es peligroso ni para mí ni para la sociedad!

Y es que cuando una se rinde a los pies de un mundo mágico (a sus propios ojos, claro), es muy difícil decir "no" a una visita que te sumerge en un universo de pétrea fantasía y grisáceos aromas desde la desconocida morada del arte fúnebre. Efectivamente, amigo lector: arte fúnebre. Y es que esta modalidad de arte existe.
Demos por finalizado este paréntesis personal y sumerjámonos sin más preámbulo en el meollo del artículo: Los camposantos decimonónicos de la Comunidad de Madrid: Las Sacramentales.

Vayamos por partes:

¿Qué es un camposanto? Etimológicamente, Cementerio proviene de los vocablos griegos koimeterion (lugar de reposo) y Necrópolis (Nekros – muerto-, y polis – ciudad -) Pero para que nos entendamos todos, y sin estar versados en cátedra alguna, "donde reposan los fallecidos, su morada eterna, ciudad de lechos mortuorios" De eso no hay duda: un lugar silencioso, melancólico, solitario, en el que cada calle está repleta de un espléndido arte y miles de historias anidan entre mármoles y granitos al cual más impresionante. Todas las lápidas y los mausoleos, los panteones y los nichos, albergan una historia, la historia de la persona que está ahí descansando para la eternidad. Un camposanto es un lugar de paz, sosiego, tranquilidad física, mental y espiritual.

Madrid tiene dedicadas aproximadamente unas 235 hectáreas a este tipo de suelos sepulcrales. El cementerio más grande de Europa es el de Nuestra Señora de La Almudena, precisamente también en nuestra comunidad.

Pero ¿y decimonónico?. Pues lo relativo al siglo XIX.

Dentro del tema que nos ocupa, desde finales del siglo XVIII y durante todo el siglo XIX, la preocupación prioritaria era la insalubridad que reinaba en estos lares por los enterramientos. Para ello se objetivó el terminar con la costumbre bien arraigada desde el siglo XIII, de enterrar en las iglesias no sólo por la necesidad de espacio por lo que cada cierto tiempo debían realizar lo que se le denominaba "Mondas de Cuerpos", que consistía en volver a sacar el cadáver, quitarle los huesos para llevarlos a un osario y mezclar los restos de la carne putrefacta con la tierra de las tumbas lo que producía un insufrible olor también causado por la descomposición de los cadáveres (lo que conllevaba la poca concurrencia de gente a los templos), sino sobretodo el construir cementerios extramuros, es decir, fuera de la ciudad para prevenir epidemias.

La epidemia por antonomasia de este siglo fue el cólera. Por consiguiente, el XIX es el "siglo de los cementerios", cobrando así identidad propia. También durante este siglo se opera un cambio de mentalidad ya que se intenta conservar a los difuntos en un lugar moderno y sobretodo higiénico. Comienzan a construirse cementerios lujosos, de estructura neoclásica con rosetones y figuras art noveau pasando por el toque romántico e incluso ecléctico.

Durante esta época los camposantos se visitan no solamente en ocasión de un funeral o aniversarios sino para celebrar reuniones de escritores y poetas para declamar sus obras en un ambiente sobrecogedor y místico.
Hasta aquí fácil ¿no?. Ya estamos metidos un poco en la idea de cómo estábamos en el siglo XIX con el tema de los enterramientos. Vamos, ¡qué estábamos en parihuelas!

Y ahora, como decía mi admirado Ángel Garó, llega "la refinitiva". Y dime, ¿qué son Las Sacramentales?

 Pues no son ni más ni menos que cofradías madrileñas que utilizaban los terrenos de su propiedad para enterrar a sus cofrades aunque como iremos viendo, ampliaron "sus horizontes" dejando enterrar en suelo bendecido a cualquier difunto, cofrade o no. En esas fechas teníamos en Madrid a José Bonaparte (más comúnmente conocido por Pepe Botella) y el señor estaba a favor de los cementerios extramuros, es decir, fuera de la ciudad.

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Vista de la entrada a la Sacramental de San Justo. Fotografía: Monte de Ánimas

José Bonaparte comenzó a construirlos y viendo que la cosa iba encauzada pocos años después con dos grandes cementerios, siguió su objetivo con las Sacramentales las cuales fueron sufragadas su construcción por las cofradías. Estas últimas existían debido a las recolectas de fondos para pagar las sepulturas de sus cofrades y para el culto; y mientras que las Sacramentales fueron cada vez más grandes y más cuidadas, los cementerios municipales se descuidaron hasta el punto de quedar muchos de ellos abandonados.

Para más inri, como cada vez había más población, las Sacramentales fueron quedando rodeadas de edificios y más edificios, hasta que, finalmente el 1 de septiembre de 1884 se toma la determinación de clausurar varias Sacramentales (de los once cementerios que había en esas fechas) quedando en la actualidad cuatro.

Sacramentales desaparecidas


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Sacramental de San Sebastián

Se construyó en 1821 en los terrenos conocidos como "Palomar de Juan Sánchez" y "Los Garbanzales", ambos pertenecientes al mayorazgo fundado en 1572. Estaba situada entre las calles de Méndez Álvaro, Canarias, Vara del Rey y Ramírez de Prado.
Esta Sacramental alberga una historia un tanto macabra pero con un escondido trasfondo romántico. El escritor José de Cadalso perdió a su amada en 1771 y todos los días venía a esta Sacramental a visitar su tumba. Parece ser que una noche no se le ocurrió una mejor velada junto a la difunta que desenterrarla, pero que, debido a las "fuerzas del orden", le detuvieron antes de llegar a conseguir su objetivo. Lo positivo: Este suceso inspiró al escritor una de las mejores novelas del romanticismo español: "Noches Lúgubres".
Tenía cuatro patios: San Sebastián, Nuestra Señora de la Concepción, San Pedro y San Pablo y posteriormente se le añadió un quinto patio: el de San Andrés Avelino.
De entre sus sepulcros y mausoleos destacaba por su grandiosidad el de D. Joaquín de Fagoaga, tesorero de la reina Isabel II. También estuvieron los restos de Martínez de la Rosa (Dramaturgo) y Fermín Caballero (Político), entre otros.
Clausurado el 1 de septiembre de 1884.

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Sacramental de San Ginés y San Luis

Se construyó en 1831 a las afueras de la ciudad, en lo que anteriormente era el camino al pueblo de Fuencarral. Estaba entre las calles de Vallehermoso, Fernando el Católico, Magallanes y Donoso Cortés.
Dicen que era el más hermoso de todos los recintos fúnebres de la Corte por su jardín, una impresionante fachada y por sus pabellones porticados con columnas. Estaba concebido a base de monumentos sepulcrales a imagen y semejanza del Père Lachaise de París.
En esta Sacramental estuvieron los restos de los dramaturgos y poetas: Bretón de los Herreros y Hartzenbusch.
Debido a su clausura, el 1 de septiembre de 1884, ocasionó igual situación que con otras sacramentales: descampados siniestros llenos de restos de difuntos y lápidas y panteones destrozados. Es más en 1994, durante la construcción del aparcamiento de la plaza del Conde de Valle de Suchil, que anteriormente fueron los terrenos de la Sacramental, se descubrió el antiguo osario con 650 esqueletos humanos.

En el próximo artículo terminaremos de hablar sobre las Sacramentales desaparecidas, destacando la conocida como "El campo de las calaveras", donde aparecían restos mientras los niños jugaban cerca, o las Sacramentales en la actualidad, donde podemos visitar el lugar de descanso de los grandes como Moratín, Larra o Goya. 

**Nota: Si pinchas sobre estas lineas, enlazarás directamente con el siguiente artículo de Monte de Ánimas**


Monte de Ánimas

Monte de Ánimas

"La noche de difuntos me despertó a no sé qué hora el doble de las campanas; su tañido monótono y eterno me trajo a las mientes esta tradición que oí hace poco..."

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